Anorexia y adicción a la comida: cuando las apariencias sí engañan.

“¿Cómo puedo tener adicción a la comida si mi problema es la anorexia?” Resulta sencillo representarnos a un adicto a la comida como alguien obeso, sentado a una mesa y comiendo compulsivamente. Sin embargo, son pocos los que lo asociarían a alguien con un bajo peso extremo.

Ello ocurre porque la anorexia nerviosa se caracteriza por la restricción extrema del consumo de alimentos y las conductas purgativas para el evitar ganar peso. Todo ello basado en una grave distorsión de la imagen corporal.

En este post me gustaría poner a prueba estos estereotipos. La adicción a la comida caracteriza a personas que tienen dificultades para controlar el impulso de comer. Éstos pueden reunir muchas similitudes con los adictos otras sustancias o comportamientos.

Como veremos más adelante, su relación con el índice de masa corporal no es lineal y ello hace que el término “dificultades para controlar el impulso de comer” cobre un nuevo significado. No obstante, propongo comenzar por el principio.

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El concepto “durmiente”.

Debo decir que la primera vez que se utilizó la palabra adicción para referirse a una sustancia diferente del alcohol fue 1890. Se hacía referencia a un grupo de alimentos y, en especial, al chocolate. Recordemos que la cocaína era aún un remedio portentoso en ese entonces y faltaban aun cinco años para que la heroína irrumpiera como “medicina heróica”.

La adicción a la comida es un concepto que se propuso en 1956, pero tuvo un impacto casi nulo en la comunidad científica. Curiosamente, no se le prestó la misma atención que a la obesidad, que comenzaba a ser un problema emergente por ese entonces.

Por tanto, las investigaciones iban a paso de caracol. Hasta 2008 apenas se publicaban cinco artículos científicos cada año. Por suerte en la última década las tornas han cambiado. A un ritmo de casi 100 por año, se acumula evidencia para entender este problema. No obstante, aún se encuentra lejos de ser incluido en los diferentes clasificadores internacionales de enfermedades.

La aplicación del concepto de adicciones al área de la alimentación sirvió para confirmar lo que muchas personas pensaban de sí mismas. ¡Al fin tenían una explicación para entender sus problemas con la comida! Lo tenían claro y no podían esperar a que el concepto se abriera paso en la clínica. ¡Necesitaban ayuda!

En los años 60 surgieron los grupos de Comedores Compulsivos, una confraternidad de ayuda mutua que sigue el Programa de los 12 Pasos de Alcohólicos Anónimos. Estos grupos los conformaban personas que se identificaban como “adictas a la comida”. Ello quiere decir que su “sustancia” de elección es la comida, como para otros pueden ser el alcohol o las drogas.

Lo más interesante es que la mayor parte de las personas que conforman estos grupos no son obesas. De hecho, los criterios de adicción a la comida solo se observan en el 20% de las personas con obesidad.

Quizás los criterios “de peso” no estén en el peso y debamos mirar en otra dirección. No son pocas las personas con peso normal o bajo peso, pero con trastornos alimenticios, que buscan ayuda en Comedores Compulsivos.

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Anorexia y adicción a la comida: ¿Cuánto “pesa” el peso?

Como indicaba al inicio del post, es un mito que el peso de una persona sea el criterio clave para el diagnóstico de la adicción a la comida. Ello ha quedado muy claro desde hace algunos años: ¡la relación entre la adicción a la comida y el peso no es lineal!

El elemento distintivo es que muchas personas con peso normal o bajo peso reúnen los criterios clínicos de esta adicción. Obviamente, la comprensión de la anorexia en el contexto de las “dificultades para controlar el impulso de comer” nos brinda un elemento distintivo.

El bajo peso en este trastorno se explica por una combinación entre la restricción alimentaria, las conductas purgativas y el impulso de comer. De hecho, las conductas purgativas son causadas por las “dificultades para controlar el impulso de comer”.

Este impulso es causa de la extrema deprivación. La alimentación es una respuesta fisiológica de supervivencia, pero es percibido por estas personas como una “dificultad”. Pues se manifiesta como episodios de atracones.

Al respecto, un reciente estudio analizó la relación entre los indicadores diagnósticos de la adicción a la comida y la severidad de la anorexia nerviosa. Los resultados revelaron que mientras más grave era este trastorno, más relación existía con los indicadores de adicción a la comida.

“Nada hay más práctico que una buena teoría”.

Se ha dicho que el concepto de adicción resulta una útil metáfora para enfocar el tratamiento de los trastornos de la alimentación. La obsesión y el impulso pueden estar en la base del bucle restricción-atracón-purga. Las personas con estas enfermedades no pueden controlar este bucle a pesar de las notables consecuencias que tiene en la mayor parte de las áreas de su vida.

Sobre la base de estas premisas ha sido posible tratar la anorexia como una adicción. En este caso el elemento clave es cómo definir la abstinencia. A diferencia de las drogas o al juego, se debe seguir un plan de alimentación ajustado a las necesidades nutricionales de cada paciente.

Cada vez que cumple este plan, se cuenta como un día sin consumo. También se debe llevar la cuenta de los días abstinente de purgas o autolesiones, en caso de que sean parte del cuadro clínico. Debo aclarar que este enfoque es solo un complemento, pues el abordaje de los trastornos de la alimentación es mucho más integral y complejo.

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Consideraciones finales.

La adicción a la comida caracteriza a personas que tienen dificultades para controlar el impulso de comer. El concepto apenas tuvo impacto en la comunidad científica hasta el inicio de este nuevo siglo.

La aplicación del concepto de adicciones al área de la alimentación sirvió para confirmar lo que muchas personas pensaban de sí mismos. ¡Al fin tenían una explicación para entender sus problemas con la comida!

Los grupos de ayuda mutua, donde asisten aquellos que se perciben como adictos a la comida, tienen una historia de 60 años. Hemos visto que el peso no es el criterio “de peso” para el diagnóstico de esta adicción.

Muchas personas con trastornos de la alimentación reúnen los criterios para ser diagnosticados con adicción a la comida. Especialmente los casos más graves de anorexia.

Finalmente, el concepto de adicción puede resultar una útil metáfora en el tratamiento de los trastornos alimenticios. En estos casos, la abstinencia puede ser medida por la cantidad de días que son capaces de seguir un plan de alimentación adecuado y evitar las conductas purgativas.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD

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