La bulimia nerviosa: ¿el mejor perfil de la adicción a la comida?

La bulimia nerviosa es otro trastorno con un gran peligro para la salud y la vida. Esta enfermedad suele aparecer alrededor de los 12 años y llega a afectar casi al 1% de los adolescentes. En la población general se ha observado que tiene mayor prevalencia en las mujeres (1,5%) que en los hombres (0.5%).

Muchas personas que la padecen no alcanzan el nivel de desnutrición o muestran el aspecto físico que se observa en la anorexia. Debido a ello, la descompensación fisiológica producida por las constantes purgas pasa desapercibida, y la persona fallece sin que llegue a recibir la atención necesaria a tiempo. Debo aclarar que no solo pasa desapercibida para la familia, sino que en muchas ocasiones la propia persona no es consciente del problema.

He escuchado numerosos relatos de pacientes que acuden a consulta buscando ayuda por otras causas, donde detecto indicadores de bulimia nerviosa. Pasa desapercibida para la propia persona una historia recurrente de abuso de laxantes o de vómitos. Usualmente suelen achacarlo a otras causas físicas que son perfectamente descartables en una entrevista médica.

Es uno de los trastornos de la alimentación con mayor tasa de adicción a la comida. La mayor parte de los estudios coinciden en que más del 80% de estos pacientes cumplen los criterios para ser diagnosticados con adicción a la comida.

Su relación con otras adicciones ha sido ampliamente documentada. El abuso de alcohol, cocaína, juego y compras, suelen ser algunos ejemplos frecuentes. Desde el punto de vista de la personalidad, suele tener una alta relación con el trastorno límite de personalidad.

Por supuesto, ello no quiere decir que una persona con bulimia tenga todos estos problemas. Ahora veamos cuál es su cuadro clínico.

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¿Cómo detectar la bulimia nerviosa?

Aunque el diagnóstico de esta enfermedad corresponde a aquellos profesionales de la salud debidamente cualificados, sí existen señales de alarma que deberían conocer tanto los familiares como las propias personas interesadas. De esta forma podrían acudir a los servicios de salud en busca de ayuda antes de que el trastorno escale en gravedad.

La bulimia nerviosa se caracteriza por episodios recurrentes de atracones, así como comportamientos compensatorios inapropiados para evitar el aumento del peso (vómito autoprovocado; uso incorrecto de laxantes, diuréticos u otros medicamentos; el ayuno o el ejercicio excesivo).

Tanto los atracones como las conductas compensatorias inapropiadas deben producirse al menos durante tres meses con una frecuencia semanal.

El diagnóstico se dificulta usualmente por la constitución y el peso de las personas. El diagnóstico del nivel de gravedad se realiza atendiendo a la cantidad de episodios semanales de conductas compensatorias inapropiadas: 1-3 leve; 4-7 moderado; 8-13 grave y ≥14 extremo. No debe confundirse su diagnóstico con el de la anorexia nerviosa tipo atracón/purgas.

Al igual que en la anorexia existe restricción y problemas con la imagen corporal. De hecho, algunas pacientes con las que he interactuado les gusta percibirse como anoréxicas y tienen dificultades para aceptar el diagnóstico de bulimia, porque lo asocian con “ser gordas”.

Es muy importante comprender las diferencias entre ambos trastornos de la alimentación no solo desde el Índice de Masa Corporal, sino desde la propia configuración de la personalidad de los pacientes.

Los resultados de un metaanálisis sobre el tema, aporta resultados esclarecedores. Al analizar 87 estudios se encontró que el trastorno límite tiene mayor prevalencia para la bulimia y el obsesivo-compulsivo para la anorexia.

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Perfeccionismo e impulsividad: el camino al hambre emocional.

Según una reciente revisión, la impulsividad de carácter motor es alta en este trastorno. Si a ello sumamos una elevada búsqueda de sensaciones, compulsión y una escasa capacidad de planificación, tendremos la tormenta perfecta.

Por su parte, el perfeccionismo se compone de varios elementos que interactúan entre sí: preocupación por los errores; críticas parentales; estándares personales, dudas y organización. En este caso nace de la necesidad de dar una buena imagen a los demás y está muy condicionado por las críticas parentales. Cuestión que lleva a estas personas a establecer metas poco realistas, que, por supuesto, les será casi imposible cumplir.

También se ha observado que la interacción entre el perfeccionismo y la necesidad de tenerlo todo bajo control genera impulsos bulímicos incluso en personas sanas al gestionar el estrés. Ello quedó demostrado en un experimento de laboratorio, así que podemos fiarnos bastante del resultado.

Todo ello hace que se desate el hambre emocional y la restricción como mecanismo de control de los impulsos. Muchas personas con bulimia recurren al ayuno como método de restricción. Por ejemplo, muchas mujeres con este trastorno son capaces de inhibir el reflejo motor de sobresalto ante la exposición de comidas tentadoras mientras dura el ayuno.

El problema comienza cuando dan el primer mordisco a un alimento. En ese momento se desata la compulsión, haciendo que el primer bocado sea demasiado, mientras que los siguientes nunca serán suficientes.

De esta forma asistimos al fracaso de la restricción como dique para contener las emociones y el hambre. Luego vendrán los sentimientos de culpa, los pensamientos de autorreproche y vuelta a empezar.

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¿Qué se puede hacer?

Dentro de las intervenciones profesionales basadas en la evidencia, un metaanálisis de 37 estudios señala que diversas modalidades grupales de terapia cognitivo-conductual suelen ser las más eficaces. Aunque debo señalar que estos tratamientos suelen combinarse con la terapia farmacológica y tener mayores tasas de remisión en adultos que en adolescentes.

Con respecto a su tratamiento como adicción a la comida, hace algunos años se realizó un estudio en Israel con más de 100 adolescentes. Los resultados fueron sumamente alentadores, pues 121 pacientes lograron detener los atracones y las conductas purgativas durante un mínimo de seis meses.

Por su parte, dentro de los esquemas de ayuda mutua quisiera resaltar el rol de los grupos de 12 Pasos como Comedores Compulsivos. Muchas miembros con este trastorno que han asistido durante dos años a cinco reuniones semanales y han llamado a su madrina a diario, han reportado poder mantenerse abstinentes de atracones y purgas.

En este punto, me gustaría resaltar que el concepto de abstinencia se basa en la realización y cumplimiento de un plan de comidas. Sobre esta base, sugiero la utilización de PlaniFive como un estupendo recurso de autoayuda o complementario a cualquier tratamiento.

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A modo de conclusión.

La bulimia nerviosa es una enfermedad psicológica grave, con gran peligro para la vida y que puede pasar desapercibida durante mucho tiempo.

La mayor parte de los pacientes cumple los criterios diagnósticos de adicción a la comida.

Existen rasgos de personalidad que la sostienen como la impulsividad, el perfeccionismo y el exceso de control.

Los enfoques más efectivos para su tratamiento se enfocan desde la terapia grupal de enfoque cognitivo-conductual.

Por último, la asistencia a grupos de ayuda mutua puede ser un útil complemento de las intervenciones clínicas.

¡Feliz semana!