¿Qué podemos hacer para combatir la obesidad?

A partir de 1975 los registros de obesidad se han triplicado en todo el mundo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud en 2020, casi 2000 millones de adultos se encuentran en sobrepeso, de los que 650 padecen obesidad.

Es una pandemia que compromete el presente y también el futuro. Estas cifras en los menores de edad también son realmente alarmantes: ¡350 millones de niños y adolescentes están sobrepeso! En esta cifra se incluyen más de 40 millones de niños menores de 5 años.

Esta enfermedad se caracteriza por una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. ¡Es el quinto factor de riesgo de defunciones en todo el mundo!

Algunos estudios la ubican como el 44% de la carga de la diabetes, el 23% de las cardiopatías isquémicas y del 7-41% de algunos cánceres. Por último, ha sido declarada un importante factor de riesgo en caso de contraer COVID-19.

Existen numerosas intervenciones para el control del peso que prometen resultados en el corto plazo, dentro de las que destacan el uso de suplementos dietéticos, fármacos o cirugías. El problema es que lo que se consigue rápido, es probable que se pierda a la misma velocidad.  

Se ha señalado que las intervenciones más efectivas son aquellas que promueven cambios en el estilo de vida. Estos cambios se logran mediante la combinación de una dieta saludable, la práctica sistemática de ejercicio físico y la psicoeducación. Por supuesto, requiere tiempo, constancia y esfuerzo.

A su vez, estas intervenciones deben tener dos líneas fundamentales. La primera de ellas debe estar dirigidas a fomentar y mantener patrones de vida saludable en aquellas personas de riesgo. Por su parte, la segunda debe estar dirigida directamente a personas con sobrepeso y obesidad.

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¿Por qué fracasan las “dietas”?

Para el análisis del efecto de las dietas debe tomar en consideración el estado de las que están en curso, la historia de las anteriores y el tiempo que se mantiene el resultado. Algunas personas pueden llegar a perder hasta 7 kilos durante el primer mes, pero les resulta muy difícil mantener el resultado alcanzado durante un año completo. También es probable que, con el paso del tiempo, recuperen o incrementen el peso que tenían antes.

He leído muchos metaanálisis que resumen los resultados de cientos de miles de personas. Sin embargo, fue un estudio cualitativo el que más claro me ha dejado las causas del fracaso de las dietas.

Al entrevistar a un grupo de personas con una larga historia de fracasos, se pudieron identificar cinco temas en los que existía acuerdo. En primer lugar, muchas personas confunden la mera restricción alimentaria con la realización de una dieta. Para muchos, hacer una dieta se reduce a restringir la ingestión de alimentos.

Otro tema importante es la instauración de metas contrapuestas, donde pesa más el deseo de comer alimentos reconfortantes, que las consecuencias de su consumo. En este punto el hambre hedónica o el ansia por la comida son elementos que no pueden ser pasados por alto.

El tercero es el clásico discurso exculpatorio de “yo engordo con agua” o “es mi metabolismo”. En cualquier caso, la causa del fracaso está condicionada por alguna condición genética de la que el individuo es víctima y le impide el adecuado logro de sus metas.

El cuarto tema donde existe acuerdo está relacionado con la falta de tiempo para uno mismo que impone el ritmo de la “vida moderna”. En este caso las personas se quejan de que no pueden mantener hábitos de vida saludables porque están muy ocupados.

Por último, se señalan los detonantes emocionales y sociales del comer. A muchas personas les resulta difícil mantener un plan de alimentación saludable cuando tienen que gestionar sus emociones. También quedar con amigos o las actividades sociales suelen ser un importante detonante.

En fin, como comentaba en un post anterior. Es posible que estemos sobreestimando el rol del autocontrol para regular nuestro peso. Para mantener el resultado de una dieta quizás sean más importantes otras virtudes como la planificación, el orden y la responsabilidad. Puede que no seamos culpables de padecer esta enfermedad, pero sí somos responsables de poner acción para que no gane fuerza.

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Planificar tu alimentación diaria: una barrera contra la obesidad.

Quizás la solución sea más sencilla que buscar una “dieta” restrictiva e ir al gimnasio dos veces al día. Es probable que sea tan sencilla que se nos pase por alto. La idea de que podemos comer de todo, pero debemos hacerlo con moderación resulta relevante.

La planificación de lo que vas a comer en el día pone límites al caos del no saber. No es lo mismo tener claro de antemano qué vas a comer, cuánto y a qué horas debes hacerlo que ir tomando lo que aparezca.

Fuera de la planificación somos presa del ansia por la comida o el hambre emocional y podemos terminar eligiendo precisamente los alimentos que deberíamos evitar, o comiendo más de inicialmente nos habíamos propuesto.

Para ayudarte a superar esta barrera, hemos diseñado PlaniFive, una aplicación con un concepto divertido. Es una herramienta muy útil para planificar tu alimentación diaria y saber cuánto se ajusta a tus necesidades nutricionales.

También puedes utilizarla para reportar lo que vas comiendo y, de esta forma, ver cuánto puedes permitirte. Sin embargo, es mejor planificar que reportar. Para poder sacar el mayor provecho a esta aplicación, lo mejor es ver los tutoriales que hemos diseñado o participar en nuestro grupo de psicoeducación gratuito.

Antes de comenzar a planificar tus comidas, debes introducir algunos datos biométricos y hábitos de vida. De esta forma, PlaniFive puede realizar los cálculos correspondientes para darte la información más fiable posible.

¡Se honesto! Nuestras sugerencias dependen de la exactitud de los datos que aportes. Hay tipos de obesidad en el que simplemente te recomendaremos que consultes a un médico; pero para el resto de los casos las sugerencias pueden ser muy útiles.

Te ofrecemos varias sugerencias y recordatorios a lo largo del día para que puedas cumplir tus metas. Solo necesitas disciplina y buena voluntad.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD

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